Resumen
Se pueden detectar dos estereotipos contrapuestos en los debates actuales dentro de la izquierda radical y de los movimientos sociales. El primero postula la muerte de los partidos políticos y profetiza el advenimiento de una renovación política activada por los movimientos sociales. El segundo anuncia la resurrección de la forma-partido y considera como residual y secundario el papel de los movimientos sociales. El presente artículo adopta una posición sociológicamente antitética a ambos estereotipos. El trabajo comienza examinando las semejanzas existentes entre partidos políticos y movimientos sociales y, de modo particular, la vulnerabilidad compartida por ambos con respecto a las tendencias generadas por la profesionalización y la monopolización del poder. Los movimientos sociales contemporáneos no son inmunes a tales tendencias, pese a sus alegatos de compromiso con la horizontalidad. El artículo prosigue analizando el proceso de diferenciación que permite a los movimientos sociales establecer un espacio propio y específico, diferente al de la esfera política. Como consecuencia de este proceso, lo político y lo social aparecen como dos universos distintos atravesados por sus propias lógicas específicas, aunque manteniendo al mismo tiempo relaciones cercanas y fluctuantes.
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